domingo, 12 de octubre de 2014
EL PÁJARO SIN ALAS
No podía creerlo, aquello no podía ser
real, toda la paz y tranquilidad que se respiraba hacía tan solo un momento
había desaparecido, y ahora, solo se oían los alaridos y gritos de la gente
desesperada huyendo sin rumbo alguno de la merced de la lluvia de bombas.
Me dispuse a correr lejos de la ciudad de Marruecos, no quería morir allí, pero antes tenía que encontrar a mi familia, no podía huir sin ellos. Mi casa estaba a tan solo dos manzanas, pero el bombardeo no cesaba y bloques de pisos enteros caían sobre las calles aniquilando a todo ser vivo bajo su incalculable peso. Miré a mi alrededor y, de repente, se me heló la sangre. Aquel sería el peor recuerdo de mi vida: mi madre suplicando ayuda corriendo con mi hermano de tan solo unos meses en brazos, y seguidamente aplastados por un bloque de mármol enorme de una casa recién derrumbada. Noté como toda mi vida dejaba de tener sentido, todo mi alrededor se desvanecía hasta que una lágrima acarició mi rostro y decidí ser fuerte, su muerte no podía ser en vano.
Corrí hasta las afueras de la ciudad, donde me encontré con un grupo de fugitivos que huían del mismo horror que yo: la guerra. ''Somos pájaros'', me dijeron, ''somos pájaros sin alas que intentamos huir de la tormenta'', recalcó otro. ''Pájaros sin alas'' pensé, quizás tenían razón, nos arrebataron nuestros hogares, nuestra familia, nuestra libertad, nos cortaron nuestras alas con una guerra injusta y ajena a nuestra causa.
Todos sabíamos que no duraríamos mucho, debíamos hacer algo o moriríamos de hambre o sed. ''Para el resto del mundo somos inmigrantes sin papeles '' dijo uno. Quizás sí, lo éramos, pero no nos podíamos quedar ahí de brazos cruzados esperando un milagro, así que reunimos todo el dinero que teníamos para pagar una patera para ir a España.
Nada era seguro, no sabíamos ni si llegaríamos a nuestro destino, pero cualquier cosa era mejor que todo aquel caos, si tenemos que morir, moriremos intentado buscar una vida mejor. Aquella misma noche nos reunimos en la costa, donde vimos nuestra patera. No parecía muy estable pero nos teníamos que conformar, nuestro efectivo no daba para más. Las horas a flote pasaron lentamente, no se veía nada y aquello parecía que se iba a romper en cualquier momento hasta que divisamos tierra.
Noté como volvían mis fuerzas, pero se desvanecieron al instante cuando me di cuenta de que estábamos pisando de nuevo la costa de Marruecos. La corriente nos había traído de vuelta a casa.
''Soy un pájaro sin alas, nunca podré volar lejos de aquí''.
Me dispuse a correr lejos de la ciudad de Marruecos, no quería morir allí, pero antes tenía que encontrar a mi familia, no podía huir sin ellos. Mi casa estaba a tan solo dos manzanas, pero el bombardeo no cesaba y bloques de pisos enteros caían sobre las calles aniquilando a todo ser vivo bajo su incalculable peso. Miré a mi alrededor y, de repente, se me heló la sangre. Aquel sería el peor recuerdo de mi vida: mi madre suplicando ayuda corriendo con mi hermano de tan solo unos meses en brazos, y seguidamente aplastados por un bloque de mármol enorme de una casa recién derrumbada. Noté como toda mi vida dejaba de tener sentido, todo mi alrededor se desvanecía hasta que una lágrima acarició mi rostro y decidí ser fuerte, su muerte no podía ser en vano.
Corrí hasta las afueras de la ciudad, donde me encontré con un grupo de fugitivos que huían del mismo horror que yo: la guerra. ''Somos pájaros'', me dijeron, ''somos pájaros sin alas que intentamos huir de la tormenta'', recalcó otro. ''Pájaros sin alas'' pensé, quizás tenían razón, nos arrebataron nuestros hogares, nuestra familia, nuestra libertad, nos cortaron nuestras alas con una guerra injusta y ajena a nuestra causa.
Todos sabíamos que no duraríamos mucho, debíamos hacer algo o moriríamos de hambre o sed. ''Para el resto del mundo somos inmigrantes sin papeles '' dijo uno. Quizás sí, lo éramos, pero no nos podíamos quedar ahí de brazos cruzados esperando un milagro, así que reunimos todo el dinero que teníamos para pagar una patera para ir a España.
Nada era seguro, no sabíamos ni si llegaríamos a nuestro destino, pero cualquier cosa era mejor que todo aquel caos, si tenemos que morir, moriremos intentado buscar una vida mejor. Aquella misma noche nos reunimos en la costa, donde vimos nuestra patera. No parecía muy estable pero nos teníamos que conformar, nuestro efectivo no daba para más. Las horas a flote pasaron lentamente, no se veía nada y aquello parecía que se iba a romper en cualquier momento hasta que divisamos tierra.
Noté como volvían mis fuerzas, pero se desvanecieron al instante cuando me di cuenta de que estábamos pisando de nuevo la costa de Marruecos. La corriente nos había traído de vuelta a casa.
''Soy un pájaro sin alas, nunca podré volar lejos de aquí''.
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